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Novena de Navidad Día 5

Innovamos en el quinto día con una de tus favoritas: las crujientes empanadas de ajiaco. Toda la cremosidad, el pollo y el sabor de las alcaparras condensados en una empanada dorada. ¡Saca el ají y disfruta de esta deliciosa genialidad!

Almuerzo

Receta de empanadas de ajiaco

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro hijo la mejor prenda de vuestro amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En torno a él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en su pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. 

(Se reza tres veces el Gloria al Padre) 

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma, y la de todos los que en este tiempo hicieren esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. 

(Se reza nueve veces el Avemaría)

Oración a San José

¡Oh Santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén. 

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre) 

(Se reza tres veces el Gloria al Padre) 

Reflexión del Día 5

Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre; veamos hoy la vida que lleva también María durante el mismo espacio de tiempo. Necesidad hoy de que no tengamos en ella si queremos comprender, en cuanto es posible a nuestra limitada capacidad, los sublimes misterios de la encarnación y en el modo como hemos de corresponder a ellos. María no cesaba de aspirar el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre, la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debería esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura. Haría todo lo que quisiese de aquella faz divina; podría estrecharla contra la suya con toda la libertad del amor materno; cubrir de besos los labios que deberían pronunciar la sentencia a todos los hombres; contemplarla a su gusto durante un sueño o despierta, hasta que la hubiese aprendido de memoria… ¡cuán ardientemente deseaba ese día! ¡Tal era la vida de expectativa de María! Era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús residiendo en María, sino pensemos que en nosotros también reside por esencia, potencia y presencia. Sí, Jesús nace continuamente en nosotros y de nosotros, por las buenas obras que nos hace capaces de cumplir y por nuestra cooperación a la gracia; de manera que el alma del que se halla en gracia es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la comunión Jesús habita en nosotros, durante algunos instantes, real y sustancialmente como Díos y como hombre, porque el mismo Niño que estaba en María está también en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo esto sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses, y una expectativa llena de delicias como la suya?

Oración al niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡oh Jesús, que sois la misma verdad!, venimos a exponeros toda nuestra miseria. 

Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de vuestra encarnación y de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.  

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén. 

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre) 

(Se reza tres veces el Gloria al Padre) 

Gozos de navidad

Dulce Jesús mío mi niño adorado 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano,  

que al nivel de un niño te hayas rebajado! ¡Oh  

divino infante, ven para enseñarnos la  

prudencia que hace verdaderos sabios! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Oh Adonai potente que a Moisés hablando, 

de Israel al pueblo disteis los mandatos! 

¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, 

y que un niño débil muestre fuerte brazo! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto  

presentas al orbe tu fragante nardo! 

¡Dulcísimo niño que has sido llamado 

lirio de los valles, bella flor del campo! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Llave de David que abre al desterrado las  

cerradas puertas del regio palacio! 

¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, 

de la cárcel triste que labró el pecado! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, 

que entre las tinieblas tu esplendor veamos! 

¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, 

luzca la sonrisa de tus dulces labios! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Espejo sin mancha, santo de los santos, 

sin igual imagen del Dios soberano! 

¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado 

y en forma de niño, da al mísero amparo! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,  

de Israel anhelo, pastor del rebaño!  

¡Niño que apacientas con suave cayado, 

ya la oveja arisca, ya el cordero manso! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto 

bienhechor rocío como riego santo! 

¡Ven, hermoso niño, ven, Dios humanado, 

luce hermosa estrella, brota flor del campo! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Ven que ya María previene sus brazos, 

do su niño vean en tiempo cercano! 

¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, 

se dispone a hacerse de tu amor sagrario! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, 

consuelo del triste, luz del desterrado! 

¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, 

mi constante amigo, mi divino hermano! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Véanse ante mis ojos, de ti enamorados, 

bese ya tus plantas, bese ya tus manos! 

¡Prosternado en tierra te tiendo los brazos, 

y aún más que mis frases te dice mi llanto! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos! 

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto! 

Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de vuestra encarnación y de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.  

Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén. 

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre) 

(Se reza tres veces el Gloria al Padre) 

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